The Story of a Vepire cap 11
11.Hijo de Seigan
Abrí los ojos, un paisaje familiar estaba frente a mí, el mundo de las almas, donde mi raza mandaba, sin humanos, solo seres distintos, únicos. Seguía tal y como la recordaba, todo era tipo edad media, pequeñas casas y un gran castillo a lo lejos, sin la horrible tecnología, los caballos sustituían a los carros, todos con una sonrisa en la boca, aquí no había violencia alguna, todos nos conocíamos de años. Sin embargo este solo era el reino de los Dineratti o Dimontiel, por que más alla de las colinas de Redjan, está el mundo oscuro, Mastel, donde las almas en condena van, junto con otras criaturas horribles y monstruosas por esa misma razón todavía había un ejército de vampiros, decididos a dar todo por Drantiel, que era este reino. Yo había venido aquí recién era vampira para controlar mis impulsos, aquí estudie las artes, esgrima y por supuesto equitación. Se respiraba el aire puro, sin contaminación, aquí la luz del sol no llegaba tan fuerte como para dañar mis ojos, solo se veía un poco la figura a los lejos, la luz era suficiente para los ciegos enanos más viejos, pero lo suficiente tenue para nosotros.
Después que la niebla dejo que mi cuerpo callera con tal agilidad y delicadeza que solo un vampiro tiene, tome duramente el estuche de la esjasema y camine, segura, con la cabeza en alto. Algunos salieron y me vieron unos cuantos troles me saludaban desde sus casas sonriendo. Camine hacia el castillo. Viendo a las personas que se cruzaban en mi camino unas cuantas me sonreían otras solo veían el escudo de luna creciente que tenía mi estuche, sabían que era de Nyx. Llegue a la puerta del castillo, no necesite de tocar cuando un guerrero me abrió y se inclino a mí, los pasos de una persona muy especial se escucharon y Efendis salió del salón principal, llevaba una capa larga de terciopelo negro con un traje igual de terciopelo rojo y un pantalón de piel color café, y unas botas negras.
Me mire y pude notar que no creo que mis Jeans estuvieran acorde con el estilo de esta tierra.
-Hola. Bienvenida a tu viejo hogar. Alejandra, o debo decirte Alessandria. -me sorprendió, hace años que no me llamaban por mi antiguo nombre, ese es mi nombre original, pero a lo largo de los años, lo eh cambiado, para entrar en la sociedad como una mujer cualquiera.
-Efendis, te eh tratado de contactar hace tiempo, han pasado una serie de acontecimientos medio extraños en estos 6 meses.-dije, el solo asintió, me dio a entender perfectamente que estaba enterado de todo, la comunicación entre él y yo era tan especial, tan única, y tan fresca que no necesitábamos palabras para saber que pensábamos, o que sentíamos, recuerdo que él fue como un segundo padre cuando mi transformación recién empezaba, lo abrase.
-Recuerdas donde estaba tu recamara.-dijo el -tercera puerta a la derecha.-era imposible que no me acordara, subí las escaleras, camine por el pasillo donde estaban los antecesores de la familia Dimontiel, y al final, estaba la tercera puerta, entre, todo exactamente como lo deje. Esa habitación me encantaba por que tenia vista a los jardines, al pueblo, y se podía apreciar cuando la luna salía, recuerdo que todas las noches, me la pasaba observando la luna y veía como subía hasta que quedaba del otro lado del castillo.
Deje la esjasema sobre la cama, que era una ironía tener una cama cuando nunca la uso.
En el ropero í alto de madera que tenía, estaban aun ahí todos los vestidos de seda con gamuza negros y rojos que tenia, se notaba que estaba recién lavados, el olor a lavanda se sentía en toda la habitación mi olor favorito, cerré la puerta y me cambie, mientras me quitaba el pantalón y la blusa, sentía como una parte de mi se despojaba de mi cuerpo y cuando me puse el vestido sentía como otra entraba en mi.
-Puedo pasar.-los golpes de la puerta junto con la voz de Dylan me sacaron de mis pensamientos.
-Si -conteste mientras doblaba mi ropa. Entro él, el también traía un traje similar al de Efendis pero negro y sin capa alguna.
-Este mundo es precioso, llevo solo 3 meses aquí y me eh enamorado completamente del lugar- Se recostó en la cama, y estiro los brazos.
-Claro que si, este mundo es precioso, no me acuerdo porque lo deje, creo que fue para probar otras cosas. -Yo nunca lo hubiera dejado. No creo que lo deje. -dijo él.
-Tu vives en las colinas o en el valle.-le pregunte.
-En el valle. -dijo orgulloso, como olvidar ese lugar era hermoso, vivir junto al lago, y escuchar a las hadas cantar en las mañanas.
-Entonces eres Guerrero. Espada o Arco.
-Ambos, pero soy mejor con la espada.- Dylan se quedo viendo un cuadro que tenía en una de las paredes -muy detallada tu lo pintaste
-Si, solía hacerlo hace mucho. -la pintura era una de mis mas grandes pasiones de toda la vida me gustaba ver un pincel embarrando pintura en oleo, era buena, siempre lo había sido, desde los tiempos de humana, como ahora. En esa pintura estaba un hermoso chico de pelo largo y negro asomado en mi ventana, algo recorrió mi cuerpo, me di cuenta que se parece al chico que deje llorando en la puerta de mi casa se parecía a Joe, su recuerdo a cabo con toda la felicidad que hasta ahora tenia, mi mente se regreso a ese momento, mi cara cambio a ser fría, lo supe por que Dylan se paro rápido y me abrazo por detrás, entendía lo que me pasaba, el había presenciado mejor que nadie la escena que tuve que montar para que Joe me dejara ir sin que el viniera conmigo, y exponer su seguridad ante todo estaba él, en el mundo, cualquiera en el que estuviera estaba él siempre presente en mi corazón, no tenía más de 1 día y ya lo extrañaba, deseaba tenerlo junto a mí, que los brazos que me rodearan fueran de él y no los de un chico ajeno, del chico que utilice para que me soltara. Reviví toda la escena, los gritos, y las lagrimas.
-No pienses en él. No vale la pena, no pienses en el, estas aquí, yo estoy aquí, estoy para ti.-me deje que Dylan me abrazara, pero entonces repase cada una de sus palabras, entonces entendí que el empezaba a sentir algo por mí, recordé el beso, como lo contesto con la pasión necesaria para que Joe se convenciera que yo lo amaba y que él me correspondía. Me aleje de el bruscamente.
-Dylan, no pienses, que no te pase tan siquiera por la cabeza, nunca tu y yo, nunca, te quiero solo como un amigo.-el se dejo lanzar contra mí, sin golpearme.
-No, tú misma lo dijiste tenemos algo, yo lo sé lo veo en tus ojos, por más que pienses que me utilizarse secamente no es cierto, yo lo siento, y puedo asegurar que tu también lo sientes, cuando nos besamos, tú misma estas confundida, supiste que me quieres y ahora no lo quieres aceptar, pero solo déjate llevar, en tan poco tiempo, me conecte contigo, solo un beso basto para que supiera que contigo quería estar, para siempre, eternamente, ya no hay obstáculos, esta es nuestra tierra, tu y yo. Solamente.
-Te equivocas, date cuenta, lo hice para que Joe me dejara, no siento nada...-me detuve, en algo tenía razón el beso, me marco, sentí algo completamente diferente a lo que siento con Joe, pero algo estaba ahí.- nada -baje la voz. -no te equivoques.
-No, perdóname si te molesta pero solo así estaré tranquilo.-me beso, en la punta de los labios, y como repito algo mágico paso, un impulso hico que le respondiera, pero entonces sentí los labios de Joe, y luego el sueño termino cuando la mano de Dylan se poso en mi espalda, sin embargo, quería seguir besándolo, hasta que Travis, un guerrero de los Dimontiel, entro a mi habitación.
-Señora la llaman.-Dijo mientras Dylan me soltaba y yo saltaba de sus brazos, que había hecho. El guerrero salió de la habitación.
-Yo me tengo que ir, pero sabes que sientes algo por mí. -el muchacho era muy seguro. Su marcha era impactante, con seguridad, poder y fuerza, en cambio yo en ese momento no me sentía de ninguna de esa forma más que confundida, pero pronto se me quito ese problema de mi cabeza ahora tenía que ver qué demonios pasaba. Algo en mi mente, me dijo que llevara la espada de aquí en adelante conmigo, tome el cinturón de la funda y me lo puse y luego saque esta magnífica espada y me la coloque, camine hacia abajo, al centro estaban más guerreros, y varios vampiros viejísimos que eran parte del consejo, me miraron a mí y luego a la espada. Y sus ojos se abrieron como dos platos.
-Como semejante tesoro lo porta una simple niña de 100 años, entregádmelo, yo soy más viejo y por lo tanto más sabio que vos. -dijo un vampiro de ojos verdes y de barba larga que llevaba una capa larga y gruesa, estiro la mano.
-Perdón pero vos no tenéis la autorización de la diosa, solo una persona podrá portarla y es la chica que ahora la trae puesta.-dijo Efendis.
-esto es un insulto soy el más viejo de los guerreros eso me pertenece. -tenia ahí enfrente a Ratos, era una leyenda el solo había matado a un demonio de las cavernas, solo, con una vieja espada que ahora se encuentra en el palacio conservada como una reliquia, eso y las escamas de la cola de Bathis (el demonio).
-Lamento que usted no la tenga. -dije dándome la vuelta lo más rápido posible para que la discusión no pasara a las mordidas, entramos al salón más grande donde estaba los 3 tronos y los del consejo, yo me quede parada junto a la puerta mientras que todos entraban al salón.
-Arkeal, entro junto a Clarkamis, y se sentaron es sus respectivos lugares, todos lo vampiros se pararon hacer una reverencia, había un lugar solo
.-¿Que paso con Efite?-La sangre de él se derramo hace poco de un mes. -dijo Arkeal.
-por eso hoy tu tomaras su lugar.
-Además ella tomara el lugar del segundo general. -dijo Ratos parándose de su asiento.
-Si no le gusta me encantaría que usted le cediera su lugar. -dijo Arkeal retándolo, Ratos se volvió a sentar. Camine hacia al asiento, que antes lo había llenado una gran persona, un leal vampiro.
-La junta de esta vez, es precisamente para hablar, del los ataques, de estos espectros, los Quiniuete son ahora nuestra mayor amenaza, siempre han existido pero ahora están respaldados por magia negra, tienen la pócima que es mortal para nosotros, están decididos a matar a cada uno de nuestra especie. Ya empezó la guerra.
-¿Pero entonces que debemos hacer? -pregunto uno de los vampiros.
-Creo que primeros tendremos que saber que quieren exactamente. -Arkeal, giro la cabeza, a dirección de la puerta principal, y luego la regreso, la cabeza me daba vueltas una Guerra, ya, ahora, y todo giraba alrededor de un propósito desconocido siniestro, no puedo imaginar que querían, y entonces todo se puso claro, en pocos días se celebrara el ritual para abrir la puerta oscura, si estos demonios vienen desde Mastel, su propósito entonces es liberar a Cathos.
Cathos es el peor demonio de toda la historia, es un vampiro, un hombre increíblemente hermoso, hace exactamente mil años se apodero de este y el mundo de los humanos, hasta que alguien lucho contra el en el ritual de la puerta oscura, entraron al mundo prohibido y se desencadeno una lucha peor, lo único que lo atrapo fue el poder de los elementos, además que para abrir la cárcel eterna de Cathos se necesita de la sangre del guerrero que lo atrapo, Seigan, murió atrapado, pero antes tuvo un hijo, y así su descendencia siguió, hasta ahora.
-Ya se a quien está buscando. -dije parándome de la mesa
-Entonces habla. -dijo Arkeal, luego enseguida Efendis pudo presenciar mis pensamientos
-Exacto están buscando al descendiente de Seigan y el descendiente.
-Quien es el descendiente? -Pregunto Arkeal
-Es muy obvio. -dijo Efendis.


